Monsanto, está negociando asumir el control completo del semillero local Seminium SA-La Tijereta, tercero en el mercado de soja en la última campaña. Ya tiene una participación del 49%.
Estudio encontró problemas en cuatro de 30 predios estudiados en Región de O'Higgins. Ecologistas señalan que se pone en riesgo exportación de semillas convencionales.
Se trata de una genética de segunda generación que fue aprobada en otros países.
En medio de la turbulencia financiera internacional cualquier información sobre las empresas que coticen en bolsa tiene impacto para los agentes económicos aturdidos en medio de tanta incertidumbre. Ayer mientras se derrumbaba el índice Dow Jones en los Estados Unidos las acciones de Monsanto Co. perdieron en pocas horas cerca del 8,8% de su valor, aunque al cierre se recuperaron un poco, ante el anuncio de las autoridades europeas acerca de la falta de acuerdo para aprobar la nueva soja RR2.
Por Alfredo Zaiat. Casi en la medianoche de ayer se emitió el programa La Liga en el canal Telefé. El título de la producción no fue nada pretencioso, pero lo suficientemente potente por su significado: “Soja”. El rating que se conoció a las horas siguientes informó que alcanzó los 11,9 puntos, o sea más o menos 1,2 millón de personas miraron, escucharon y probablemente se estremecieron con esa investigación periodística.
La compañía de biotecnología Monsanto confía en que pronto logrará con el actual gobierno un acuerdo que permitirá la introducción de nuevas semillas transgénicas de soja, maíz, alfalfa y algodón que permitirán ampliar la producción y reducir costos.
Esas semillas son resistentes al herbicida glifosato y apuntan a extender y ampliar el éxito que ese tipo de tecnología tuvo con la producción de soja. El anuncio fue realizado aquí por el director de Estrategias y Nuevos Negocios de Monsanto Argentina, Pablo Vaquero, en el marco de la Farm Progress Show, una importantísima muestra agrícola en la que hay una fuerte presencia de agricultores argentinos.
El arroz es "vida" para las mayores poblaciones del mundo siendo el
alimento básico de más de la mitad de la población mundial y está
profundamente relacionado con el patrimonio cultural de numerosas
sociedades, La intensificación de la producción ,y el incremento de la
demanda, ha aumentado el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo
del cultivo uno de los principales contaminantes de zonas agrícolas
especialmente sensibles. El arroz híbrido requiere un uso intenso de
fertilizantes y pesticidas, así como mayor cantidad de agua. Esas son
sus debilidades congénitas.
Un ilegal ,se pasea por el mundo:
El arroz transgénico descubierto en China, no aprobado para consumo
humano , en dos de las muestras tomadas contenía arroz Bt, que contiene
un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis ,un plaguicida biológico
que podría causar reacciones alérgicas a humanos. La presencia del
arroz ilegal se halló hasta en las papillas de arroz y cereales
"Heinz"para bebés, demostrando la necesidad de un mayor control en los
productos destinado a los niños.(1)
Marie-Monique Robin, autora del best seller El mundo según Monsanto que llegará en diciembre a la Argentina
"Un pueblo que se dedica a un solo cultivo se suicida"
El ensayo periodístico más leído de los últimos meses en Francia
esta dedicado en gran parte a la Argentina. En esta entrevista, su
autora, Marie-Monique Robin se pregunta qué pudo haber ocurrido para
que "Eduardo Buzzi cambie de bando en tres años".
Por Heber Ostroviesky y Enrique Schmukler
Desde París
–¿Cuáles son los aspectos
ligados al modelo de explotación agrícola en Argentina que, según lo
que usted pudo investigar en nuestro país, han quedado hasta ahora
afuera de la discusión política?
–Si bien es necesario que el Gobierno intente reglamentar las
exportaciones debería, sobre todo, limitar la expansión absolutamente
demencial de la soja transgénica. Aunque las retenciones contribuyen a
limitar la producción indiscriminada, no es suficiente. A mi juicio es
urgente analizar el peligro de los organismos genéticamente modificados
(OGM) a fondo. En la actualidad la producción cubre un total de 18
millones de hectáreas. ¿Y esto que quiere decir? Una sola cosa: aumento
del monocultivo. Se trata de una constatación que, para mí, es
inobjetable y confirma lo que había observado hace tres años, en otra
visita que hice a la Argentina. La frase "Un pueblo que se dedica al
monocultivo se suicida" es evidente en este caso. Lo que hay que
entender es que la expansión de la soja transgénica va en detrimento de
los pequeños y medianos productores, al verse obligados a abandonar la
producción de alimentos para la población. En primer lugar, porque las
semillas que suministra la multinacional Monsanto, de nombre Roundup
Ready (Soja RR), se fumigan con el herbicida Roundup, de modo que el
resto de las tierras queda contaminado, puesto que es un herbicida muy
volátil. Es decir, los pequeños agricultores deben abandonar su
hacienda porque sus plantaciones son sencillamente destruidas por el
herbicida. La soja provoca problemas sanitarios graves. Y esto ha sido
confirmado por un informe del Hospital Italiano de Rosario. Pero
también constituye un terrible problema social. No regular la
producción de soja transgénica es darle la llave de la agricultura del
país a unos inversores que nada tienen que ver con la agricultura.
Darles todo el poder de maniobra a los "pools de siembra", como lo
describía Eduardo Buzzi en una entrevista que le realicé en 2005, es
poner en juego la seguridad alimentaria de la Argentina.
–¿Cómo fue el desembarco de las semillas de Monsanto en la producción agrícola Argentina? ¿Tuvo resistencias este modelo?
–En
2005 Monsanto y el gobierno argentino estaban en medio de un conflicto
por el tema de las regalías que la multinacional estadounidense
pretendía cobrar por la exportación de la soja, ya que Argentina no
reconoce la patente que reclama Monsanto sobre el gen Roundup Ready.
Por ese tiempo Monsanto quería cobrarle 15 dólares a cada cargamento de
granos o harina de soja a su llegada a los puertos europeos, ante la
imposibilidad de cobrar tres dólares a los productores en territorio
argentino. Allí Monsanto comenzaba a mostrar su verdadera cara. Pero
antes, en la década de 1990, la totalidad de los productores recibieron
a esta empresa con entusiasmo, por supuesto. Recuerdo haber
entrevistado a agricultores que me dijeron que, al principio, llamaban
a las semillas transgénicas "semillas mágicas". Inclusive Buzzi me
había dicho en esa oportunidad: "Nosotros sostuvimos ese modelo, pero
caímos en la trampa. Estaba todo calculado".
–¿De qué se trata el llamado "principio de equivalencia en sustancia", retomado en Argentina?
–Este
principio aceptado inicialmente en los Estados Unidos no tiene ninguna
base científica que lo valide. Sin embargo, al impedir que los OGM sean
considerados como aditivos alimentarios, las empresas de biotecnología
pudieron evadir pruebas toxicológicas y evitar el etiquetado especial
de sus productos. La decisión que permitió comercializar los OGM sin
ninguna evaluación fue aceptada también en la Argentina. Gracias a
estas mentiras los OGM llegaron al país y desde allí invadieron
Paraguay y Brasil, donde no estaban autorizados. Como me había dicho
Eduardo Buzzi en 2005, se trató de una estrategia planificada por
Monsanto para forzar la legalización y generalización de los OGM. Como
Brasil no autorizaba los transgénicos, Monsanto se implantó en la
Argentina de Menem y desde allí elaboró su estrategia, que terminó
contaminando a buena parte de América del Sur.
–¿Le parece lógico que durante el conflicto por las
retenciones, el presidente de la Federación Agraria Argentina se uniera
a los "pools de la siembra", como él mismo los apodaba?
–Que
Eduardo Buzzi en un comienzo haya defendido el modelo de la soja
transgénica es posible, porque para él, como para muchos productores,
se trataba de "semillas mágicas". Es decir, se puede entender que los
productores, dejándose llevar por la propaganda fraudulenta, hayan
creído en lo que Monsanto les prometía. Lo realmente curioso, y que da
lugar a sospechas, es que hoy en día Bu-zzi se haya cambiado de bando,
por así decirlo, y comulgue con los "pools de la siembra", que en 2005
le habían tendido una trampa. Me pregunto ¿qué habrá pasado desde 2005
que explique ese cambio abrupto de posición? Yo filmé a Buzzi hace tres
años para un documental sobre la soja en Argentina, que transmitió la
cadena francoalemana Arte. Allí, Eduardo Buzzi hacía un balance del
modelo agrícola sojero, y concluía señalando que lo único que podía
garantizar la seguridad alimentaria del país era la pequeña y mediana
agricultura, a partir del suministro de cultivos diversificados. En esa
oportunidad, Buzzi diferenciaba a los productores nucleados en la
Federación Agraria de lo que él llamaba "un modelo agrícola destinado
al agrobusiness". Ahora bien: ¿qué hace hoy en día Buzzi? Está con los
"pools de la siembra". ¿Qué pasó? No sé exactamente, no tengo pruebas.
Todo lo que puedo decir es que Monsanto desembarcó en Argentina en
1997, e impuso los OGM en un gobierno corrupto como el de Carlos Menem.
Y en esa operación es muy probable que haya habido maniobras oscuras.
Monsanto tiene una vasta experiencia en hacer cambiar de opinión a la
gente.
–En uno de los capítulos de su libro, usted habla del rol que
juegan ciertos medios de comunicación en la difusión y apoyo de los OGM
en nuestro país. ¿En que consiste este apoyo concretamente?
–Hay
medios de comunicación en Argentina que hacen claramente propaganda de
los OGM. Al leer diarios como Clarín vemos perfectamente este tipo de
discursos y nos hace por lo menos sospechar que, en ese ámbito, habría
también una importante corrupción. Cuando uno lee los artículos de su
colega Héctor Huergo de Clarín Rural, no puede más que preguntarse cuál
es la relación de este hombre con Monsanto. Lo que escribe es
propaganda pura, con informaciones falsas. Se les quiere hacer creer a
los lectores que van a terminar con el hambre gracias a los OGM, que no
habrá más problemas de malnutrición, pero es mentira. Estas cosas hay
que investigarlas en profundidad. Hay que tener en cuenta que Monsanto
es capaz de corromper al más fuerte. En Indonesia, por ejemplo, hay
casos probados y condenas a Monsanto por corromper a más de cien
funcionarios del gobierno.
–En general, los antecedentes non sanctos de Monsanto son poco a
nada conocidos, o por lo menos no han sido lo suficientemente
difundidos...
–En Argentina los medios no dicen que
Monsanto ha sido condenada en Estados Unidos y Francia por publicidad
falsa, que no tienen más derecho a marcar en sus productos que no
afectan al medioambiente. He verificado en varios países la manera de
actuar de Monsanto: compran... En el libro y en el film se demuestra
que hubo científicos comprados durante más de 20 años para contar
mentiras. Hoy sabemos que el Roundup es cancerígeno. Está claro que en
un tiempo será prohibido, como ocurrió con tantos productos de Monsanto
en el pasado (el PCB, la dioxina, entre otros) que generaron polución
en el planeta por cuarenta años y que finalmente fueron prohibidos. El
Roundup es altamente tóxico, en la Argentina más de la mitad de las
tierras cultivadas son regadas con un producto que no es biodegradable,
que llega a las napas freáticas, que contamina los suelos. Al ritmo
actual, a mediano plazo los suelos serán inutilizables. Los OGM
manipulados resisten al Roundup y lo absorben. Cuando una madre
argentina les da la denominada leche de soja a sus hijos, les está
dando un producto regado con una sustancia tóxica. Hoy tienen la
oportunidad de hacer un balance y sacar conclusiones, es lo que debería
hacer el Parlamento. Hoy los productores ya no pueden decir que no
saben. Hoy hay pruebas, tenemos los datos. Sabemos que la soja
transgénica va a generar enfermedades y va a disminuir el rendimiento
de la tierra. En Argentina hay que hacer una evaluación seria antes de
que sea demasiado tarde. Hay que dejar bien claro que esta empresa no
quiere ganarle al hambre sino hacer grandes negocios.
–Los países europeos debaten en la actualidad sobre los OGM y
estudian los controles a poner en práctica. ¿Cuál es la situación en
Francia?
–En Francia, al igual que en el resto de los
países, hay sectores que proponen legalizarlos. Conozco bien al sector
del campo francés porque soy hija de agricultores. Estamos en lo que yo
llamaría una guerra de información. Hay agricultores que durante
encuentros de discusión me dicen que los OGM les permitirían usar menos
pesticidas. ¡Cómo menos pesticidas! Si se trata de plantas que producen
tóxicos y que desarrollan una resistencia cada vez mayor a los
pesticidas utilizados. Cuando la discusión es profunda se entiende,
pero hay una enorme propaganda. Claro que los agricultores, no los
pools de siembra que son industriales y especuladores, tienen problemas
en todo el mundo. Los verdaderos agricultores son víctimas de estos
nuevos modelos, no les alcanza para vivir y se los inunda con la
publicidad de estas "semillas mágicas". En Francia también existe un
lobby muy fuerte de los grandes agricultores que militan por la
introducción de los OGM. También hay diputados franceses que mienten en
la Asamblea Nacional en defensa de los intereses de estas empresas. En
Francia, algunos senadores tuvieron el coraje de denunciar que los
legisladores son presionados por Monsanto. El aspecto esencial de esta
disputa es controlar las semillas, que son el primer eslabón de la
cadena alimentaría. Lo que le interesa a Monsanto es vender el Roundup
y tener las patentes sobre las semillas para luego cobrar las regalías
sobre la producción ajena. Hoy, en países como la India, sólo hay
semillas transgénicas. Monsanto compró todas las empresas semilleras, y
los campesinos que comienzan a ver los efectos negativos ya no tienen
cómo volver atrás. Peor aún, los agricultores deben pagarle regalías a
Monsanto al utilizar las semillas o les mandan la policía. Es un
negocio redondo. Lo mismo intentó Monsanto en la Argentina. Primero
dijeron que no cobrarían regalías, pero en 2005 cambiaron el discurso
por el de o nos pagan o vamos a un conflicto fuerte.
–¿Cómo puede salir Argentina de este chantaje que usted describe?
–Todavía
es posible. Recordemos que Monsanto tuvo mucha suerte, porque Argentina
no era un país productor de soja. El primer productor de soja en
América latina era Brasil. Si Argentina hoy es un enorme productor se
debe a una circunstancia particular: la gran crisis del 2001. Argentina
necesitaba encontrar una salida, y al mismo tiempo la crisis de la vaca
loca en Europa generó la prohibición de harinas animales y la necesidad
de soja. Esta doble coincidencia benefició a Monsanto. Pero en la
actualidad la mitad de los campos de la Argentina están contaminados de
OGM, y ésta es una lógica muy cercana a la de tener un país endeudado.
Continuar con este modelo sin regulaciones importantes sería pensar a
cortísimo plazo. Ya no se trata de la salida de una crisis extrema sino
de la viabilidad de un modelo a largo plazo. Esto significa analizar
todos los datos y actuar en consecuencia con una visión clara. No hay
que olvidar que por el momento Argentina no reconoce la patente sobre
el gen Roundup Ready, pero las presiones en la Organización Mundial de
Comercio son enormes. Si se llega a la uniformización del sistema de
patentes, es decir a la imposición del sistema norteamericano, los
problemas de Argentina serán mayores. El debate ciudadano sobre estos
temas es fundamental, el debate político en el Parlamento es esencial
aunque genere manifestaciones. En Europa, los movimientos de
resistencia a los OGM son cada vez más fuertes, debemos alentar la
agricultura natural que es la única salida. La pregunta es cómo volver
a estos modelos naturales cuando Argentina tiene 18 millones de
hectáreas regadas con Roundup.
–¿Está al tanto de que el sector que se opone a las retenciones
subraya que, con el avance de la producción de la soja se ganará la
guerra contra el hambre?
–Sí, lo sé, y es completamente
falso. Los OGM son todo lo contrario, reproducen el hambre a largo
plazo justamente porque condenan a los países al monocultivo, como
señalaba antes. La prueba está en que, con el avance de la soja, en la
Argentina un alto porcentaje de los tambos se están cerrando, por culpa
del Roundup desperdigado por los pastizales. La soja se cultiva cerca
de donde pastan los animales. Una vez que las vacas se alimentan de las
hierbas contaminadas con herbicida quedan afuera del proceso de
producción de productos lácteos. Lo mismo ocurre con la producción de
arroz y lentejas, que están en la base de la cultura alimentaria
argentina, que también ha disminuido considerablemente, sin contar el
hecho de las grandes superficies de árboles que fueron arrancados para
cultivar soja, sobre todo en el norte del país. Todo un desastre
ecológico destinado a producir alimento para vacunos, bobinos y pollos
de Europa.
El mercado argentino dispone a partir de hoy de semillas de maíz marca PIONEER® con tres tecnologías apiladas: Herculex I, Liberty Link y Roundup Ready, que proveen resistencia a los principales insectos plaga, al glufosinato de amonio y al glifosato respectivamente. PIONEER ARGENTINA comunica que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación aprobó a través de su Res. N° 434 del día 28 de mayo, la producción y venta de semillas de maíz que incorporan las tecnologías Herculex I®, Liberty Link® y Roundup Ready®.
Este libro es una compilación de Ensayos sobre las consecuencias sociales, económicas y ecológicas de la expansión de los monocultivos de soja en Latinoamérica. Es el fruto de una red de militantes que estamos trabajando en las temáticas relacionadas con los impactos del modelo agroexportador. La compilación intenta hacer un aporte al debate político y académico en Latinoamérica, sobre las consecuencias del modelo de la soja. En este proyecto del Grupo de Reflexión Rural (GRR) de Argentina participan investigadores de Paraguay, Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, Suiza y España.